Una vez quise escribir una
historia donde contara la ausencia de libros, de ideas, de escritores y musas.
No me salió ¿Por qué? Porque desde el mismo tema se anula de inmediato su
existencia.
Aún así quise continuar, pero
hace unos meses leí en twitter que un ex adjunto –uno que tuve en taller de
redacción en el 2011. Uno muy talentoso.- ya había escrito una historia que hablaba de algo muy cercano a
lo que imaginé en mi historia, y que muy pronto se publicaría. Entonces, como
es correcto en mí, dejé la idea.
Sin embargo, Monsivais me dio una
idea. Bueno, no… pero sí algo en qué pensar. Aquello bien sabido, pero injusto:
Los libros no son para todos. Es cruel ¿No? Pero también es comprensible, así
como no todos escriben, no todos leen. Así como no todos construyen ciudades,
no todos viven en una. El caso es que sí es injusto, pero necesario y
cotidiano.
Y en mi realidad inmediata –como
se le dice a la vida, en la facultad – es querer escribir un libro o muchos, es
querer ser escritora con el pretexto de ejercer el periodismo, es querer… y
querer. No obstante, me reprimo porque no me siento a gusto con ese ambiente
intelectual y de arrogancia. Y no hablo por aquel que aún no conozco y que
quizá nunca lo haga, sino, por el ambiente de grandes egos estudiantiles que
pululan en la facultad. Si es así en la universidad ¿Cómo será en los altos
gremios? No gracias.
Y aquí llega el punto donde
quería llegar. Los mismos escritores ponen trabas a sus futuros lectores. Los
escritores escriben para unos cuantos, incapacitando a muchos otros,
alejándolos de sus letras… y del interés que pudo haber sido. ¿Qué chiste tiene
escribir? ¿Qué goce hay en leer?
No culpemos a los no lectores,
porque de ellos no es todo el error. Sentenciemos a los escritores, ellos
también merecen un poco- o la mitad o la parte del pastel que sea necesaria- de
culpa.
Entonces, muchos escritores
deberían sentir culpa… por aquellos que alejan, no por lo que no leen.
Muchas veces en la escuela se nos dice que la
lectura sensibiliza, humaniza, enseña y enamora. También se dice que los que
sueñan, investigan y piensan para escribir; son aquellos mucho más sensibles.
Ya que son capaces de describir, soñar y reconocer la vida, -en palabras, eso
sí-. No obstante, jamás se les sentencia por no bajar sus “bien pensadas”
letras –como si se tratara de una propiedad privada- a lo terrenal y plebeyo, a
los que no leen pero podrían hacerlo… si se les contemplara.
Referencia:
Monsiváis, Carlos. Elogio (innecesario) de los libros. 2004. http://www.sergioramirez.org.ni/index2.html
Referencia:
Monsiváis, Carlos. Elogio (innecesario) de los libros. 2004. http://www.sergioramirez.org.ni/index2.html